En casos de dolor crónico, la hipnoterapia ayuda a adoptar una actitud serena hacia el dolor, bloqueando el círculo vicioso dolor-tensión-dolor.

La sensación dolorosa es una alarma para protegernos de un daño mayor; sin embargo, su persistencia en el tiempo nos puede acarrear más de un problema asociado.

Múltiples estudios neurofisiológicos corroboran que el dolor y la angustia van íntimamente ligados, alimentándose el uno al otro de tal forma que un dolor mantenido provoca tal grado de ansiedad que ésta, a su vez, aumenta la sensación de dolor, limitando cada vez más a quien lo sufre.

Por ello, ante un dolor que dura más de 6 meses sin resolverse mediante tratamiento farmacológico y/o médico-quirúrgico, es indispensable plantearse opciones que rompan el circuito dolor-ansiedad-dolor, sin añadir los posibles efectos secundarios provocados por nuevos analgésicos. En este sentido, la hipnosis ofrece al sufriente un abordaje integral, ya que por un lado va a recuperar su capacidad de relajarse y de sentir bienestar psicológico a pesar del dolor físico; y por otro, va a aprender técnicas de disociación y de hipnosustitución sensorial que le permitirán hacer frente a los momentos de mayor recrudecimiento del dolor.

Otro aspecto a tener en cuenta es que el dolor crónico en ocasiones es la manifestación física involuntaria de un sufrimiento psicológico y/o espiritual, tanto si este es consciente como si es inconsciente.

El recuerdo del gozo ya no es gozo;
mientras que el recuerdo del dolor es todavía dolor

Lord Byron (1788-1824)

En estos casos, el dolor físico sólo cesa cuando sana la herida emocional. Y aquí de nuevo la hipnosis se revela como técnica de elección, siendo un buen tratamiento coadyuvante de la terapia de aceptación y compromiso (ACT), la reestructuración cognitiva o el hipnoanálisis (terapia regresiva).

CONSEJOS PRÁCTICOS

Si llevas más de 6 meses sufriendo un dolor que no mejora tras el tratamiento propuesto por tu médico y deseas beneficiarte de los efectos de la hipnoterapia, solicita aquí una primera entrevista.

Probablemente, tu caso requerirá de una sesión semanal de hipnosis clínica durante algún tiempo, así que revisa tu agenda y hazte un espacio que vas a dedicar a ti, a recuperar tu vida libre de dolor, o libre de la angustia y desesperanza que ese dolor provoca actualmente.

Por favor, acude a tu primera visita con los informes médicos de que dispongas, así como los fármacos que habitualmente tomas y cualquier otra información que consideres relevante.

Amigo, cuéntame sobre tu dolor: hoy tengo deseos de escucharme
Nemer Ibn El Barud

ACEPTAR EL DOLOR (adaptado de Pablo Buol)

A veces, en una conversación o en otros ámbitos donde nos ponemos en contacto con nosotros mismos, empezamos a descubrir nuestros dolores: tristezas, angustias, soledades, miedos, frustraciones, desilusiones, resentimiento… Esta experiencia es en sí misma dolorosa. Descubrir, contactar, expresar nuestras propias heridas internas… duele… y también libera.

Estamos habituados a evitar el dolor. “Si apoyo la mano en una estufa caliente, el dolor hace que rápidamente la retire y gracias a esto evito un daño mayor y puedo mantener mi integridad física”. En lo psíquico o emocional, muchas veces hacemos un movimiento similar: un movimiento que nos lleva a evitar, rechazar, calmar el dolor. Muchas veces huimos del dolor, lo negamos, lo ignoramos. Otras, en cambio, hacemos exactamente lo contrario: nos apegamos a él, lo cuidamos, lo alimentamos, lo mostramos orgullosos, como si fuera nuestro hijo predilecto.

¿Cuántas veces lo escuchamos como se escucha a un amigo que tiene algo importante que decirnos? ¿Cuántas veces nos permitimos morar en nuestros dolores desde la aceptación? Dejando que se expresen, sin hacer un solo movimiento de rechazo, huida, apego, justificación…

“Hay algo especial que sucede desde este lugar. Un lugar en que no me enfrento con mi dolor, no me pongo enfrente, sino al lado, lo reconozco como propio, lo escucho, lo expreso, y… lo suelto. No lo tapo, no lo empujo, no lo niego. Lo dejo libre, lo dejo ser en mí, me dejo ser en él”.

¿Cuántas veces escuchamos a otra persona desde este lugar? Sin girarle la cara, sin rechazarla, sin pretender solucionarle el problema, sin aconsejarle, sin juzgarle, sin distancias, sin presión, sin exigir. Dejando que su dolor toque nuestro corazón.

“También hay algo especial que sucede desde este lugar. Y hay un contexto necesario para que esto suceda. Un contexto de cuidado, respeto, confianza, intimidad, contacto, aceptación”.

Tal vez, para liberarnos del dolor, debamos primero liberar al dolor… ¿Queremos hacerlo?

Si para recobrar lo recobrado
debí perder primero lo perdido,
si para conseguir lo conseguido,
tuve que soportar lo soportado.

Si para estar ahora enamorado
fue menester haber estado herido,
tengo por bien sufrido lo sufrido,
tengo por bien llorado lo llorado.

Porque después de todo he comprobado
que no se goza bien de lo gozado
sino después de haberlo padecido.

Porque después de todo he comprendido
que lo que el árbol tiene de florido
vive de lo que tiene sepultado

(Francisco L. Bernárdez)